Wenn diese Seite nicht korrekt angezeigt wird
gehen Sie bitte zur Originalseite



FAMILIAS Y FAMILIAS EL MONJE DOMADOR - El Siglo de Durango

FAMILIAS Y FAMILIAS EL MONJE DOMADOR

regresarimprimirguardarenviar
Por: CLAUDIA MARÍA SIMENTAL CLAUDIA MARÍA SIMENTAL - 05 de ene de 2010.

Siempre cuando un año inicia, nace ese deseo de renovación que nos mueve a querer mejorar en algunos aspectos de nuestra vida y comenzamos nuestra lista de buenos propósitos.

Reflexionamos sobre nuestras virtudes y defectos, hasta el punto de tomar una determinación firme para realizar cambios con la intensión de llevarlos a cabo y ponemos toda nuestra esperanza de que ahora sí lo vamos a lograr. Sin embargo, tristemente al cabo de unos cuantos días, quizá semanas, esos propósitos quedarán tan sólo en un intento fallido para luego quedar definitivamente en el olvido.

Lo que parecía fácil en un principio ya no lo es tanto, poco a poco vemos que el esfuerzo es mucho y la voluntad de mejorar, que en un inicio era fuerte, ahora es débil.

El inicio de cualquier propósito puede resultar sencillo; lo complicado aparece cuando pasa el tiempo y nuestra voluntad flaquea, pues no es fácil mantenerse en algo que implica sacrificio y esfuerzo de nuestra parte. Por ello, una voluntad fuerte nos ayudará a realizar cosas a pesar de las dificultades, los contratiempos y el estado de ánimo, pues la voluntad es esa capacidad de los seres humanos que nos mueve a hacer cosas por encima de manera de cualquier obstáculo.

Además de la voluntad también será fundamental ser perseverante. La perseverancia es un esfuerzo continuado. Es un valor imprescindible en la vida para obtener un resultado concreto.

Cuando hablamos de perseverancia, valdría la pena tomar un papel y ver nuestros propósitos de año nuevo. El problema con los propósitos es que siempre decimos el "qué" pero nunca el "cómo". Por otro lado, a veces no conocemos a fondo nuestras capacidades (o falta de ellas) para poder establecer objetivos que realmente podamos alcanzar.

La lista de año nuevo, y cualquier propósito que emprendamos (una relación afectiva, un trabajo, un cambio de residencia), debería estar acompañado de un recuento de los medios con los que vamos a lograr ese trabajo. Si queremos arreglar una cañería rota, necesitaremos herramientas; sería ilógico desalentarnos porque no pudimos llegar hasta la cañería por el muro con las uñas. ¡Hacen falta herramientas! Esas herramientas son nuestras habilidades, circunstancias, posibilidades y conocimientos.

Cualquier objetivo que nos hayamos propuesto para este nuevo año necesitará de voluntad y perseverancia para lograrlo.

Si deseamos tener salud, será indispensable mejorar nuestra alimentación eliminando lo que daña al cuerpo, agregando un poco de ejercicio, visitando regularmente al médico para un chequeo de rutina.

Si lo que nos hemos propuesto es renovar nuestras relaciones humanas, ya sea con la familia, amigos o en general con quienes nos rodean, entonces habrá que esforzarse en practicar la amabilidad, la cortesía, la tolerancia, brindando más tiempo para escuchar, para realizar actividades en conjunto, etcétera.

Si mi objetivo es lograr una mejor posición laboral, entonces habrán de buscarse estrategias que me ayuden a conseguirlo como el ser puntual, ordenado, creativo, cumplido, dinámico, decidido, eficiente, entre otras cosas.

Lo importante es saber a dónde quiero llegar, pero teniendo siempre bien claro cómo lo voy a hacer. Un ejercicio podría ser que una vez que se haya hecho el listado de propósitos, a un lado se escriban tres acciones que ayudarán a alcanzarlo y, junto con ellos, también establecer un tiempo determinado, de manera que esto nos permita medir nuestros avances e ir haciendo ajustes para un mayor aprovechamiento de nuestras capacidades.

Ciertamente no será fácil, pero cualquier propósito que valga la pena requerirá de un esfuerzo continuado, de una voluntad fuerte y de no rendirse a pesar de las dificultades.

Monseñor Tihamér Tóth, obispo de Veszprém, Hungría, nos muestra la siguiente reflexión que refiere el esfuerzo, la voluntad y la lucha constante de un monje para llevar una vida llena de virtud a pesar de todas las debilidades humanas que cualquier persona lleva dentro de sí.

"El abad de un monasterio antiguo preguntó una noche a uno de los monjes: "¿Qué has hecho hoy?" "Oh -contestó el monje-, tenía tanto que hacer hoy, y también los otros días, que mis propias fuerzas no me habrían bastado, de no ayudarme la gracia de Dios. Tengo que domar cada día dos halcones, debo aprisionar dos ciervos, es preciso que amanse dos gavilanes, he de vencer un gusano, tengo necesidad de domesticar un oso y de cuidar un enfermo". "Pero ¿qué me cuentas? -Dijo con risa el abad-. No hay modo de hacer todo esto en el monasterio". "No obstante, es así -contestó el monje-. Los dos halcones son mis ojos, que he de vigilar continuamente para que no miren cosas malas. Los dos ciervos son mis piernas: he de guardarlas para que no corran al pecado. Los dos gavilanes son mis dos manos: he de obligarlas a que trabajen y hagan obras buenas. El gusano es mi lengua: he de refrenarla para que no charle cosas vanas y pecaminosas. El oso es mi corazón; he de luchar continuamente contra el amor que se tiene a sí mismo y contra su vanidad. Y el enfermo es todo mi cuerpo que he cuidar para que no lo avasalle la concupiscencia".

Como lo dijo el Santo Job: "La vida es lucha"... una lucha constante contra nosotros mismos, ya que a veces nosotros somos nuestro más grande obstáculo para lograr lo que queremos.

Recordemos y reflexionemos lo que el viejo refrán nos enseña: "El que persevera alcanza".

Claudiama71@hotmail.com

Leer más notas del martes 05 de enero de 2010 » Vida | Guardar en Mi Siglo.
161





terra Compañía Editora de La Laguna, S.A. de C.V. © 1999-2008
El Siglo de Durango, Dgo. | Derechos Reservados